Alguna vez soñé con ella y su vestido verde turquesa, maldita sea la hora en que la vi, porque la he condenado, me he bañado en hilos de rojo escarlata que desbordan en alguna parte de la fusión de nuestros cuerpos. Maldita sea la hora en que la conocí porque la he condenado….
Espero su llamada, el teléfono no suena, se ha olvidado de mi, me ha abandonado, me ha dejado …. Ahora es tarde, demasiado tarde , la frágil muerte cubre mi ser y me dejo ir , me dejo envolver en su silencio, en su frió herético…..
Espero su llamada… el teléfono no suena, me ha abandonado, me ha dejado ahora es tarde para mi….
Estoy desnudo bajo la fragilidad de inmensa noche, bañado en un tenue sudor que brota de lo más profundo de mi ser , su olor, su piel , su respiración, confunden mi espíritu….
El es frió, como la muerte, que hoy me cubre…. el teléfono no suena, que estupida soy, el no necesita anunciar su presencia ….. Ya es tarde para mí…. Pierdo las fuerzas… Solo recuerdo la penumbra dónde mis manos reconocen su rostro, como aquel día en el parque frente al olor humeante de un café y un vestido verde turquesa.
Maldita sea la hora en que la conocí, con su pizarra dorada caminado por la vieja ciudad nocturna, donde los vagabundos dejan sus huellas y sus harapos mal olientes,
Maldita sea la hora que interprete no solo sus libros con mi tacto,
Siempre lo supe desde que sentí su aliento frió, él no lo sabe, ni siquiera ahora que muero, que mi respiración cada vez es más lenta, y alucino con su voz, él no lo sabe, pero lo he creado, lo he sacado de mis escritos, lo he visto en su desnudes bajo la luz de la luna, porque se quien es, siempre lo he sabido…. Desde ese momento en que sus pasos se acercaron a mi….
No anuncio mi visita, he llegado por sorpresa, ella esta tendida, la he matado, la mate desde esa noche que durmió en mis brazos, y escribí su historia en la oscuridad, en la penumbra de sus ojos… ella no lo sabe aún…
La eternidad, ¿Qué es la eternidad? Para alguien que vive en sus tinieblas, su ser sabe a vino caliente desde la noche en que descifre cada escrito de su espíritu, como si fuesen mis libros punteados, como si al recorrer mis libros, no fuesen mis libros sino su cuerpo….
Ahora somos los dos presos de extraña enfermedad y una eternidad infalible
No ha sido ella quien me ha creado, he sido yo quien la he inventado, ahora su cuerpo a muerto y me he condenado inevitablemente a su verde turquesa.
El teléfono suena… No hay tiempo para arrepentirse, ya es tarde, miento nunca me ha abandonado, pero si me ha condenado porque ahora soy de él , mientras él vive en mi.
Para un gran amigo, salido de las cavernas, de una dulce y tenebrosa oscuridad, para quien esta conmigo hoy y siempre, hasta la eternidad.
Mónica Rodriguez
Lupecia